La dominación árabe
La toma de Ctsifón, capital sasánida, por los árabes (637) y su victoria en Nehavend (642) inauguraron la época islámica.
Dependiente del califato de Damasco y después del de Bagdad, el Irán oriental se proclamó

independiente y fundó sus propias dinastías:
tahiríes (820-874),
saffaríes (863-902),
samaníes (874-899). Los
turcos selyúcidas, junto con los
gaznawíes, consiguieron suplantarlas pronto.
El siglo XIII conoció la conquista mongola, que fue seguida por la invasión de Tamerlán entre 1381 y 1387. A partir de 1501 reinaron los
safawíes shiíes.
Con Abbas I el Grande (de 1587 a 1629), el imperio alcanzó su apogeo y su capital, Isfahan, se convirtió en una ciudad prestigiosa.
A finales del siglo XVIII, Aga Muhammad Jan, sha de persia en 1796, fundó la dinastía
qayarí. En el poder hasta 1925, los qayaríes tuvieron que tratar con las potencias europeas (rusos e ingleses) y hacer frente a sus objetivos imperialistas.
Desde el inicio del siglo XX, el petróleo iraní provocó la codicia de los occidentales. Después de que un acuerdo anglo-ruso hubiera dividido Irán en dos zonas de influencia, La
Anglo-Iranian Oil Company construyó en Abadán su primera refinería en 1909. En 1917, la revolución soviética alejó a los rusos de Irán y dejó el campo libre a los ingleses.